Introducción: Historia del fútbol palestino: una lucha por el reconocimiento

Iván Pastor, periodista

Fue en las calles de Silwan, uno de los barrios de Jerusalén este más afectados por la ocupación, donde pude ver realmente cómo la tragedia palestina tocaba directamente al fútbol, el deporte más popular en los territorios ocupados. La sede de este club histórico, uno de los fundadores de la primera liga de fútbol en Cisjordania y cuya camiseta tiene los colores de la bandera palestina, estaba rodeado de casas de colonos israelíes. Además, debido a que los palestinos sin residencia en Jerusalén no pueden entrar a la ciudad, tienen que jugar y entrenar en un estadio a las afueras de Belén. De este modo, tanto en el Silwan como en otros clubes de Jerusalén hay jugadores que nunca han pisado la ciudad del equipo en el que juegan.
El fútbol, como cualquier otro ámbito, ha sido utilizado en la estrategia del sionismo para apropiarse del territorio palestino. Este deporte fue introducido en Palestina a finales del siglo XIX por las escuelas de misioneros que se instalaron a lo largo del territorio, y en 1908 se formaron los dos primeros clubes en Jerusalén. Sin embargo, no es hasta la llegada de los británicos en 1920 cuando empieza a desarrollarse. Además de que las propias instituciones de la Corona Británica allí asentadas como el Ejército, la Policía o la Aviación crearon sus propios clubes, se crearon muchas asociaciones juveniles que empezaron a incluir el fútbol como una actividad más. A finales de los años 20, el fútbol era ya el deporte más popular junto al boxeo.
Tras la Declaración de Balfour en 1917, las organizaciones sionistas vieron en el deporte una buena herramienta para reafirmar su identidad en el territorio, y crearon clubes deportivos contra los que venían a jugar otros equipos judíos de todo el mundo, unos partidos que provocaron muchas protestas por jugarse bajo la bandera sionista. Sin embargo, el golpe de efecto vendría cuando la asociación deportiva internacional Maccabi invitó a clubes judíos y árabes a conformar una Asociación de Fútbol de Palestina (PFA por sus siglas en inglés), a la que se unieron 15 clubes sionistas y uno árabe, cuyo nombre no volvió a salir más en ningún documento. Esta federación pidió la admisión en la FIFA, que la reconoció oficialmente en 1929. De esta manera, la organización del fútbol en el territorio y su representación internacional quedaba en manos sionistas. Esta asociación en la que no tenían voz los clubes árabes, que representaban al 75% de la población palestina, adoptó el hebreo como lengua e incorporó la estrella de David en su logo.
Como contrapeso a esta asociación, cristianos y musulmanes crearon en 1931 la Federación Deportiva Palestina (PSF por sus siglas en inglés). Entre tanto, ya había una liga en la que competían clubes árabes, judíos y británicos cuyo primer vencedor fue el equipo de la policía británica en 1932. Sin embargo, tras la revuelta de 1936, muchas actividades deportivas relacionadas con la PSF fueron suspendidas, algunos clubes cerrados y sus dirigentes arrestados. El debilitamiento del movimiento deportivo originó que en 1944 fuera restablecida la PSF árabe dividida en comités regionales, esta vez con la condición de que no tuvieran relación con ninguna organización judía. Se jugaban ligas regionales cuyos campeones competían entre sí, y de 25 clubes que empezaron llegaron a ser 60 en 1947.
Aunque de forma no oficial, el primer precedente de una selección propiamente palestina se remonta a marzo de 1947, cuando un combinado de la PSF jugó un partido contra jugadores de la aviación y el ejército británicos. Hasta ese momento, los encargados de representar a Palestina en campeonatos internacionales, como sucedió en el clasificatorio para el Mundial del 34 y en el del 38, fueron los sionistas, con un equipo conformado solo por jugadores judíos bajo el nombre Eretz Israel/Palestine. El fútbol fue una pieza más del contexto político y la estrategia sionista para mostrar internacionalmente el ‘carácter judío’ de Palestina.
Desde su restablecimiento en 1944, la PSF luchó por ser reconocida por la FIFA con escaso éxito. Representantes egipcios, libaneses o yugoslavos apoyaron el reconocimiento de esta federación, sin embargo la mayoría de la FIFA denegó su entrada en una época de escalada del conflicto entre árabes y judíos… hasta que llegó 1948.
Tras la conocida Nakba (desastre), que supuso la expulsión de 700 000 palestinos de sus tierras, se produjo un retroceso total en el desarrollo deportivo. La infraestructura fue destruida, la PSF suspendida, muchos jugadores perdieron su vida o fueron forzados a vivir en campos de refugiados en Líbano, Siria, Jordania, Gaza o Cisjordania.
Es en esta nueva situación donde se crean varios clubes sociodeportivos, muchos de ellos en los campos de refugiados. Solo unos pocos fueron instituciones meramente deportivas, ya que otro tipo de actividades sociales que se llevaban a cabo eran más importantes. Estos clubes, como parte de un servicio social, contaron con mucha ayuda por parte de la UNRWA, el organismo de la ONU responsable de los campos de refugiados palestinos. En el de Tulkarem, al norte de Cisjordania, se creó en 1956 el Markaz Shabab Tulkarem (Centro Juvenil Tulkarem).
Los clubes que estaban bajo control jordano pasaron a la Federación Jordana de Fútbol, que no les reportó mucha ayuda, y muchos jugadores se convirtieron en miembros activos de otros equipos jordanos. De hecho, el Al Wehdat, reciente campeón de la liga jordana y uno de los clubes con más palmarés, tiene su origen en uno de los campos de refugiados palestinos de Amman y es muy seguido por la comunidad palestina. Por otro lado, los clubes creados en Gaza, bajo control egipcio, contaron con mucha más ayuda de la Federación Egipcia y tuvieron un desarrollo mucho mayor, por lo que cuando jugaban partidos internacionales la selección estaba compuesta en su mayoría por jugadores gazatíes.
Este combinado nacional palestino solo estaba reconocido por las federaciones de fútbol árabes, y por primera vez compitió en 1953 en los Juegos Panárabes de Alejandría perdiendo por 1–8 contra Egipto. Posteriormente compitió en la GANEFO (Juegos de las Potencias Emergentes) y las sucesivas ediciones de la Copa Árabe. La Asociación Palestina de Fútbol (PFA), tal y como se la conoce actualmente, fue creada en 1962, ya que la anterior PFA reconocida por la FIFA, cambió su nombre a Asociación Israelí de Fútbol en 1948.
Dentro de los clubes sociodeportivos, el fútbol era otra herramienta más de identidad nacional, y se jugaban partidos amistosos a nivel regional. La palabra ‘Palestina’ y su bandera estaban perseguidas tras la ocupación israelí en 1967, por lo que los partidos eran una oportunidad más de exhibir esos símbolos. Como muchas de las actividades que pueden parecer rutinarias, los partidos tenían una importancia social, patriótica, deportiva y cultural. Muchos de ellos eran interrumpidos por cánticos o acababan en manifestaciones contra el ejército israelí. En ausencia de una estructura estatal, los clubes contribuían a mantener la identidad nacional con muchas actividades al tener otras ramas culturales y sociales además de las deportivas. Muchos fueron cerrados en 1967, como el Markaz Tulkarem, que no volvió a retomar sus actividades hasta 1970. Sin embargo, la clausura de clubes será una tónica en la historia del fútbol palestino, ya que durante las dos intifadas las ligas se pararon, los clubes fueron clausurados y muchas sedes tomadas y destruidas por el ejército israelí. Entre 1988 y 1991 se paró la competición, lo mismo que entre 2000 y 2007.
Hasta 1978 en Gaza y 1980 en Cisjordania se jugaban partidos en competiciones regionales, y a partir de esa fecha se idea una liga regular que será muy variable en su composición y en su continuidad. El Markaz Tulkarem, como uno de los clubes históricos de Cisjordania, estuvo presente desde sus inicios, y solo ha estado en segunda división en el periodo 2013–16 y en 2017. Su palmarés es escaso: una liga en el 84 y una copa Yaser Arafat en 2005, a la que habría que añadir una liga en el 86 que finalizó abruptamente cuando el Markaz iba primero.
Tras la creación de la Autoridad Nacional Palestina en 1994, la Asociación Palestina de Fútbol es admitida por la FIFA cuatro años más tarde. De todos modos, el fútbol palestino no empieza su introducción al ‘profesionalismo’, es decir, con patrocinadores y jugadores asalariados, hasta 2008, fecha clave a nivel nacional y de clubes ya que es el primer año en el que arranca una liga regular en Cisjordania, otra liga de fútbol indoor femenina, y la Selección Nacional Palestina juega su primer partido como local en un amistoso contra Jordania en el recién construido estadio Faisal Al Huseini de Al Ram. Por último, en 2011 arranca una liga femenina de seis equipos y Palestina juega sus primeros partidos oficiales en casa en el clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y para el Mundial de Brasil 2014. En 2014 logran clasificarse por primera vez para una competición internacional, la Copa Asia.
En la liga de Cisjordania –no podemos hablar de una única liga palestina ya que se juega otra en Gaza– existen casos de clubes curiosos como el de Uadi Al Nes. Este club, perteneciente a un pueblo de 900 habitantes del mismo nombre, ha ganado tres veces la liga palestina, y todos sus habitantes son de la misma familia, los Abu Hamad. Salvo el entrenador y cuatro jugadores, el resto de la plantilla son vecinos y familiares. Ahora juegan tres hermanos y otras dos parejas de hermanos, aunque hace pocos años llegaron a jugar once hermanos de una familia de 18. Otra cuestión destacable del fútbol palestino es la participación de unos pocos jugadores chilenos en los clubes más potentes, debido a la numerosa inmigración palestina en el país latinoamericano. Uno de esos jugadores que hasta hace tres años jugaba en Cisjordania, Roberto Kettlun, fue en 2018 director deportivo del CD Palestino, un equipo de la Primera División chilena fundado por exiliados palestinos.
A pesar de la consolidación de una liga regular, ser futbolista en Palestina no está exento de todas las consecuencias de la ocupación israelí, como han sufrido varios jugadores en la historia reciente. Es el caso de Ziad Al Kurd, delantero de la selección que al regresar de un partido de clasificación para el Mundial contra Uzbekistán en 2004 encontró su casa destruida y le fue impuesta una prohibición de viajar al extranjero; Tariq al Quto, prometedor centrocampista asesinado en Gaza en 2004; Shadi Sbaje, Uajeh Moshtahe y el internacional palestino Ayman Alkurd, asesinados en la Operación Plomo Fundido sobre Gaza en 2008; el exinternacional y entrenador Ahed Zaqut, asesinado tras el impacto de una bomba en su casa de Gaza; Mahmud Sarsak, encarcelado bajo detención administrativa en 2009 durante tres años tras ser acusado de pertenecer a la Yihad Islámica y liberado tras una huelga de hambre y la presión internacional de la FIFA; Omar Abu Ruayis, portero de la selección olímpica palestina detenido en 2012 por ser sospechoso de pertenecer a una célula terrorista; Sameh Maraaba, un joven internacional encarcelado durante ocho meses al volver de un entrenamiento en Catar por pasar supuestamente información a Hamás; o Daud Alradaya, el portero del Markaz Tulkarem, encarcelado durante un mes por no tener su identificación al salir de Jerusalén este.
Para tener más información acerca del fútbol en Palestina y poder realizar este libro, recorrí durante tres semanas Cisjordaniavisitando equipos y viendo partidos. Visto en perspectiva, creo que la elección del Markaz Tulkarem no pudo haber sido más certera, sin embargo el panorama del fútbol palestino con sus tragedias y sus anécdotas es muy amplio. No puedo evitar acordarme del Shabab Al Jalil, el Real Madrid palestino, cambiándose en el vestuario del estadio de Al Khader decorado con dibujos animados como si fuera una guardería; de los vecinos de Nilin, un pequeño pueblo junto al muro con una cancha de cemento donde juegan ocho pueblos de alrededor, y como para jugar en un campo de hierba (siempre artificial) hay que alquilar un campo en Ramala, muchas familias prohíben a sus hijos desplazarse por miedo a los checkpoints; o de las chicas del Diyar, el equipo femenino de la ciudad de Belén y un espacio no solo deportivo sino interdisciplinar de reivindicación de los derechos de las mujeres.
Desde los rezos de toda la grada en los descansos, los policías jugando en la portería mientras se cambian los jugadores, los lanzamientos de objetos o el calificativo de ‘comepipas’ reflejado allí de forma literal en los estadios, son curiosidades que me vienen a la cabeza, aunque la principal de todas ellas sea que el fútbol palestino lucha por seguir su rumbo con ‘normalidad’ bajo el yugo de la ocupación israelí.

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